domingo, 24 de marzo de 2013

El papel de la filosofía

La primera reflexión que me gustaría compartir con vosotros es, precisamente, acerca del papel o la utilidad de la filosofía en la educación. Estos días hemos tenido ocasión de oír que la filosofía dejará de ser obligatoria en segundo de Bachillerato, pasando a ser una optativa más junto a la religión. Hay dos preguntas obligadas: ¿para qué sirve la filosofía? Y, en relación a esta pregunta: ¿qué aporta a la sociedad?
En primer lugar, respondamos a la primera de las cuestiones planteadas. La filosofía es una disciplina crítica por definición, en tanto que, desde un punto de vista formal, tiene como objetivo combatir los malos argumentos, o falacias argumentales como se denomina a tales argumentos en el argot filosófico. Esta actividad es crítica porque establece una distinción entre buenos y malos argumentos, de lo que se sigue que no todo argumento es válido para justificar alguna propuesta en cuestión. La filosofía, en este sentido, proporciona herramientas fundamentales para la evaluación de los argumentos. Por lo tanto, a la pregunta de para qué sirve la filosofía la respuesta es simple: para aprender a argumentar.
En segundo lugar, y en relación a la segunda pregunta que planteamos: ¿qué utilidad tiene saber argumentar y analizar argumentos para los ciudadanos? La respuesta vuelve a ser obvia. En democracia tenemos que llegar a acuerdos para determinar qué posición debemos mantener en relación a infinitas cuestiones. Por ejemplo, es necesario llegar a acuerdos sobre temas como el aborto, la eutanasia, los derechos de los animales, la homosexualidad, la prostitución, la justicia social, etc., etc. Desde esta perspectiva, con el fin de evitar la arbitrariedad de nuestras posiciones y el dogmatismo se hace necesario tener a la mano los recursos que nos permitan dejar a un lado los malos razonamientos y establecer aquellas posiciones que son, al menos, las más razonables. A esta labor, como es lógico, se suman los estudios científicos.
En último lugar, la labor filosófica además de esta vinculación directa con los asuntos que afectan al ciudadano de a pie, tiene una relevancia crucial para el avance del conocimiento científico, labor que, indirectamente,  vuelve a revertir en beneficio de la sociedad. La filosofía se encarga de relacionar los distintos hallazgos empíricos con el fin de dar una visión de conjunto de los distintos saberes científicos. Además, de los hallazgos empíricos los científicos extraen conclusiones que, en muchas ocasiones no se siguen necesariamente de dichos hallazgos. Las herramientas de la filosofía permite no sacar conclusiones precipitadas o que no se siguen necesariamente del conocimiento disponible.
En definitiva, por estas razones y por otras muchas que son más específicas y más difíciles de explicar al lector no experto, la filosofía es estrictamente necesaria porque, en última instancia, nos hace ganar en democracia.

martes, 19 de marzo de 2013

DECLARACIÓN DE INTENCIONES

El objetivo de este blog no es otro que  analizar argumentos relacionados con la ética y la política. Esta labor propiamente filosófica consiste en aplicar, básicamente, dos tipos de herramientas: los hallazgos empíricos y el análisis formal de argumentos. Pongamos un ejemplo: si alguien dice que "la homosexualidad es inmoral porque es antinatural", está cometiendo dos errores. En primer lugar, está diciendo algo que es empíricamente falso, a saber, que la homosexualidad no se da en el reino animal. Y, en segundo lugar, está cometiendo otro error, en este caso, un error formal: pasar del ser al deber ser. De que algo sea natural, no se sigue que tenga que ser lo bueno o lo correcto. Una cosa es lo que sea el caso, y otra, lo que debe ser el caso.
En definitiva, lo que intentaré es analizar racionalmente los argumentos que se dan a favor o en contra de alguna posición ética o política. No se trata de criticar algo en base a una ideología, eso sería imponer dicha ideología a la racionalidad, lo que sería incurrir en un dogmatismo peligroso. Se trata, más bien, del proceso contrario, que la ideología o el pensamiento tanto ético como político sea el fruto o la consecuencia, no la causa, del ejercicio racional que debe caracterizar a los seres humanos.

José R. Torices

Licenciado en Filosofía (Universidad de Granada)
Máster en Lógica y Filosofía de la Ciencia (Universidad de Salamanca)